UN MINUTO ANTES DE MORIR

Un minuto antes de morir

UN MINUTO ANTES DE MORIR

Como cualquier otro día, se levantó como un autómata, y lo primero que hacía era entrar en el cuarto de baño y mirarse al espejo. Durante un segundo, se le pasaba por la mente pasajes de su vida, que rápidamente lo evitaba. No hacía falta recordar lo pasado, ni siquiera aún si eran buenos recuerdos. Eso ya había ocurrido y no permitiría, que rellenara ni un segundo de ese nuevo día que empezaba.

Estaba convencido, que debía estar completamente abierto a lo nuevo, a lo que estaba por venir y los recuerdos, era como un repelente que impediría lograrlo. Cada uno de ellos que quedaba al final del día, simplemente lo guardaba bien dentro. Tan adentro, que era difícil de volverlo a encontrar. Ese era su día a día, construir de la nada ilusiones que debía… ¡Vivir!

Pasaban semanas, pasaban meses, pasaban años… y seguía despertando, creyendo que en ese nuevo día, por fin encontraría aquello que esperaba hallar. Pero, ¿Qué era lo que esperaba? En realidad, ni siquiera el mismo lo sabía.

En uno de esos, anocheceres que siempre llegaba, regresaba a su casa, por un camino que no era el habitual. Se sorprendió a sí mismo, haciéndose esa misma pregunta, ¿Por qué regresaba a su casa por ese sitio?

Volvía dando un gran rodeo. No era lógico, ya que aún si se hubiese quedado abstraído, cometiendo la torpeza de estar recordando, lo que había pasado en el día, hubiese vuelto inconscientemente por cualquiera de los habituales, ¿Pero por dónde lo estaba haciendo? eso no tenía sentido.

Estaba atravesando un parque inhóspito, lúgubre. Tanto, que hasta el tipo más audaz temblaría, por sentir miedo. De repente, una voz proveniente de la oscuridad, le sobresaltó, ¿Vas camino de casa?

Esa voz, esa pregunta… la sangre, se le heló en ese mismo instante, ¿Tú? -le inquirió con su mirada, que poco a poco se calmaba. Como quien de repente, deja de temer al reconocer a la persona.

Sabes quien soy, eso está bien. Dime, ¿Cómo me has reconocido?

-Simplemente lo intuyo.

-Entonces sabes que va a pasar.

-Lo sé, y aquí estoy. De sobra sabes que cada día, simplemente, espero lo que ha de venir. Estaba hablando con la misma muerte o al menos, era lo que él pensaba.

El individuo se quedó confuso, no entendía que quería decir. Él simplemente era un parásito sin escrúpulos, que se entretenía quitándole la vida a los demás. Un ladrón, un ratero, un caco, un maleante que había tenido la fortuna, de que un hombre despistado, apareciese por allí.

-¿Qué coño estás hablando tío?

Llevo toda mi vida, creyendo que encontraré algo. Algo que ni siquiera yo mismo sé. He vivido continuamente el presente, saboreando el instante. Eso era lo que creia, debía de ser la vida, un ahora infinito. ¿Sabes que me queda de todo eso? ¡Nada! no me queda absolutamente, nada.

Todo lo que he vivido, lo que he sentido y me ha hecho vibrar… lo he guardado, destruido, olvidado. Porque quería que cada instante, fuese algo nuevo que vivir. Seguir rellenando mi vida, para así tener de sobra.

Pero ahora, ahora que estás apunto de arrebatarme la vida, por fin he encontrado lo que siempre, esperé poder hallar. Que no era otra cosa, que sentir lo hermoso que fueron mis recuerdos, esos que guardé tan profundamente, que creí haberlos perdido.

Una sonrisa se le fue formando en su boca. Mientras que con una mirada dulce y apacible, decía sus últimas palabras, antes de morir. He sido feliz, muy feliz… y ni siquiera, me he dado cuenta.

Iván A.

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2 respuestas a UN MINUTO ANTES DE MORIR

  1. Mar Álvarez dijo:

    Intrigante relato, muy bien escrito.

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