POLIKI

Poliki

POLIKI

Dos horas y media larga, he tardado en limpiar con un cepillito y agua, las conchas de mis caracoles de granja, y Poliki como era de esperar, fue el único que estuvo observando de forma descarada todo el ritual.

Mientras que sus compañeros estaban todos escondidos en sus conchas, el estaba ahí tumbado mirando fijamente, casi parecía que mascaba chicle, y lo habría asegurado sino supiera que le sienta mal y un día, en uno de sus repentinos cabreos, tiró maldiciendo un paquete entero, jurando no volverlos ni a oler.

En fin, la cuestión es que a medida que iba acabando con sus compañeros y más próximo se encontraba su turno para el cepillado, más cara de cabrón se le ponía. Imaginaba yo, que pensaría con su sonrisa maquiavélica “¿así que pretendes cepillarme mi concha y dejarla bien lustrosa, no?” y yo a la misma vez pensaba, que bordería estará tramando para tirármela a la cara.

Pero cuando por fin le tocó, el tío ni se inmutaba. Incluso yo diría me ayudaba cambiando la postura, para facilitarme el cepillado. Pero Poliki, es Poliki. Un grandísimo hijo de p… y nada más acabar, fue arrastrándose flis flis flis flis hacia el lateral donde se encuentra la montañita con su pequeño lago fangoso, y tras mirar atrás y comprobar que yo lo estaba mirando, allí que se tiró, revolcándose a mala leche su concha y dejándola toda bien llena de fango, que cabroncete. ¡Pero así es él!  y no puedo enfadarme ni queriendo. Es chulo, muy chulo y ya está.

Iván A.

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LA INVALIDA COLUMPIÁNDOSE

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