TE PREGUNTÉ SABIÉNDOLO

Te pregunté sabiendolo

Te pregunté sabiéndolo,
por saber que me dirías
y aún sabiendo tú, que lo sabía,
no dudaste en negármelo.

Te repetías en negar aquello,
que tu bien conocías,
mirándome y negando,
aquello que yo te respondía.

No insistí y por ello desistí,
y seguí haciendo y fingiendo,
disimulando el desconocer,
lo que ambos de sobra conocíamos.

Ahora vivimos fingiendo ser felices,
porque hacemos el no saber conocer,
lo que con secretos vamos guardando,
aquello que no queremos dar a conocer.

Iván A.

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UNA INSONDABLE LEALTAD

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