TIME TO DIE – 05

CAPÍTULO 1

EL PACTO

Ya estaban todos situados en el lugar del tablero correspondiente y por fin podría resolverse el juego sin temor a que las autoridades, cada vez más cerca de descubrir y descifrar la enrevesada trama creada por los responsables de la web, les estropeara la perversa creación.

Silvia volvió a demostrarse a sí misma, su capacidad para adaptarse a los cambios. Ya había comenzado a pensar en un plan. Pero primero tenía que familiarizarse y conocer con exactitud, cada rincón de aquel sitio.

Para eso era necesario disponer de tiempo, siendo una prioridad el mantenerse oculta de los cuatro tipos que la estarían buscando.

Por otra parte, los cuatro jugadores se disponían irónicamente, a desearse suerte mutua. Pero que en realidad, era lo último que deseaban, ya que la suerte de uno significaba el fracaso de los otros.

Cuando se disponían a marchar cada uno por su lado, uno de ellos los llamó porque decía tener una propuesta que hacerles.

-Un momento escuchad. Ésta tía a demostrado hasta ahora ser muy inteligente. Si bien es cierto, aquí sus recursos están muy limitados pero, quizás sea un error por nuestra parte pensarlo.

-¿Qué es lo que intentas decirnos? Le contestó uno de ellos.

-Pues que quizás nuestras posibilidades de encontrarla y acabar con ella, sea más elevada si nos mantenemos juntos en la cacería.

Todos se quedaron en silencio pensándolo. No era nada descabellado lo que proponía. El trabajar juntos sin duda alguna, aumentaría sus posibilidades de éxito.

Pero el juego consiste en que sólo uno puede ser el ganador. ¡Quien consiga acabar con ella! Expuso otro tras haberlo meditado.

-Sí, es cierto lo que dices pero, ¿Qué pasará cuando demos con ella? ¿Quién será el que la mate y convertirse por tanto en el ganador?. Replicó otro.

-Bueno, eso será algo a dilucidar después, una vez la atrapemos.

-¿Dilucidar? La cosa está bastante clara me parece a mí.

-Escuchad. Todos sabemos que enfrentarnos individualmente a ella, corremos el riesgo de terminar como los otros. Incluso haciendo esto juntos no estaremos a salvo pero, ayudándonos lo tendremos más fácil. Una vez la tengamos, discutiremos quien se otorga tal derecho. Si para ello tenemos que enfrentarnos entre nosotros, por mi parte no hay problema. Prefiero eso, sabiendo que al menos si consigo ganaros, tengo asegurado acabar con esa hija de puta.

Ambos se miraron sin decir nada. Tenía toda la razón, era una forma de asegurarse que al menos, si conseguían ganarles a los demás, el acabar con Silvia lo tenían ya hecho.

No discutieron más, ya lo tenían decidido. Colaborarían para conseguir atrapar a Silvia y asegurarse su aniquilación.

Todos mostraban una fuerte determinación hacia lo que debían de hacer. Todos excepto uno que parecía mantenerse un poco al margen. En ningún momento expreso opinión alguna sobre lo que discutían. Manteniéndose como un simple espectador y asumiendo la decisión a la que habían llegado.

Así pues, todos juntos comenzaron su frenética busqueda por aquellos pasillos, estancias y recovecos que aquel sitio parecía no tener fin.

– – –

CAPÍTULO 2

ATRAPADA

Silvia llevaba horas recorriendo los distintos pasillos infinitos y estancias que aquel lugar tenía. Iba y venía recorriendo una y otra vez sus propios pasos.

Intentaba crear una especie de mapa, para que en caso de tener que correr y escapar de alguno de los otros participantes, saber que camino elegir y a dónde le llevaría.

Cualquier pequeña ventaja, podría convertirse en un gran aliado llegado el momento. Se preguntaba si ellos en cambio, solo tenían en mente ir en su búsqueda, sin temer que también ellos pudiesen estar siendo buscados por ella.

Sin plantearse ningún tipo de prevención mientras recorrían aquel lugar, por no darle importancia a esa posibilidad. Cosa que para ella, imaginar que no se la diesen como un posible peligro, le provocaba un aumento de autoestima y superioridad.

Desde un lugar recóndito de aquel sitio, el instigador de aquel juego y sus perros como les llamó Silvia, se mantenían como simples observadores, a través de las muchísimas cámaras que previamente habían preparado y escondido por todo aquel lugar. Y cuyas imágenes utilizaban para ofrecerlas en la web, desde donde miles de seguidores se mantenían expectantes.

Justo cuando Silvia había comenzado a inspeccionar un nuevo túnel, un fuerte sonido la sobresaltó. Se trataba de un pesado armario metálico, que habían empujado por estar obstruyendoles el paso por el que los cuatro participantes iban.

El corazón de Silvia se le disparó y comenzó a latirle tan fuerte como cuando muchos días atrás, se encontraba esperando en su escritorio, que llegara la hora en que los elegidos del siguiente nuevo juego, recibieran el correo.

Aquello no lo esperaba Silvia. El que la encontraran tan pronto. Lo había imaginado como algo muy remoto. Y encima, estaba sucediendo justo en un lugar, que aún era desconocido para ella.

Se apresuró en buscar algún escondite donde refugiarse, con la esperanza de que pasaran de largo. Pero aquel lugar estaba bastante oscuro y apenas podía adivinarse que tenías delante. En un intento de subirse a un saliente que había en una de las paredes, comenzó a trepar por unos muebles que se encontraban allí apilados. Con tan mala suerte, que al dar uno de los pasos esta resbaló, cayendo de espaldas contra el suelo y tras de sí, varios de los muebles que se encontraban apilados.

Fue tal el golpe, que Silvia quedó algo trastornada y por un momento algo confundida. Pero al poco tiempo, consiguió de nuevo reponerse pero al intentar levantarse, con una cara de asombro, vio como estaba rodeada por los cuatro tipos que la perseguían.

-¡Vaya, vaya, vaya! Mirad a quien acabamos de encontrar.

Aquello no era para nada, lo que Silvia había imaginado. Todo cuanto había estado preparando y organizando, se acababa de ir al traste.

De malas formas, Silvia fue llevada amarrada hasta un lugar que ellos habían considerado como su base.

La metieron en una habitación y cerraron tras de sí, la única puerta que había. Quedando a la espera de ver cuál sería su destino.

– – –

CAPÍTULO 3

LA DUDA

Bueno, acababa de ocurrir lo que la mayoría de personas que seguían el desenlace a través de la web, no habían podido imaginar.

Apenas había comenzado el juego en aquel nuevo lugar, cuando sin prácticamente haber ocurrido nada, Silvia había sido atrapada.

Mientras ella permanecía encerrada en aquella habitación, los cuatro tipos comenzaron una discusión sobre que hacer ahora.

Les había sido imposible conseguir algún tipo de contacto o posibilidad de comunicación con los responsables de aquello. Para que les dieran respuesta sobre, si había alguna otra forma de finalizar el juego, por haber cooperado todos juntos en la caza de Silvia y por ende, ser todos ellos considerados como ganadores del juego.

En plena discusión, en la que todos se gritaban y andaban de un lado para otro. Uno de ellos, aquel que se había mantenido en todo momento como al margen de todo, aprovechó para ir a buscar a Silvia.

Cuando entró en la habitación, ella pensó que había llegado el momento de su final. Que venían para matarla pero, haciendo un ademán indicándole que no chillara, el tipo que había ido a su encuentro, empezó a hablarle.

Silvia escucha. Escúchame atentamente no disponemos de tiempo. Mira, hay algo que todos desconoceis sobre una particularidad del juego.

Ella se mantenía en silencio mostrando todo el interés que conseguía poder focalizar.

-Como sabes, tras terminar mi juego, me pusieron el apelativo de falso ganador. Ya que conseguí mantenerme siempre al margen, mientras eran los otros quienes se mataban entre ellos. Y teniendo la fortuna final, de que el tipo con el que me disputé la final, se encontraba ya tan machacado, que sólo tuve que mantenerme alejado de él y esperar a que muriese por las heridas que ya tenía.

Aquello que contaba era cierto. Había sido el único de los siete ganadores, que no había tenido que matar a ninguno con sus propias manos. De algún modo, en eso ambos se parecían.

-Verás. Yo al igual que tú, no soy ningún asesino. Tan solo un estúpido que por mi inconsciencia, me he visto envuelto en ésta situación. Pero lo que para todos consideran fue una inmerecida victoria, para los creadores del juego, tenía un valor significativo. Y me otorgaron, digámoslo de ésta manera, una especie de comodín que podría emplear, si como está sucediendo, llegara la posibilidad de hacerlo. 

-Pero ¿de qué estás hablando exactamente? Le preguntó Silvia.

-Hablo, de que si soy yo el finalista. Tengo la posibilidad de elegir no matarte. Eso fue lo que gané, por vencer en mi juego sin mancharme de sangre.

-¿Y qué has decidido?

-Ya te he dicho que no soy ningún asesino. Mi intención es conseguir acabar con éstos y que tú y yo, salgamos vivos de aquí.

Silvia no sabía muy bien el por qué, pero aquello no le terminaba de convencer. Él era al igual que ella, un estratega. Y algo le hacía sospechar, de que todo lo que le estaba contando, era el argumento de un plan que tenía organizado.

O era eso o realmente decía la verdad y sería una víctima inocente más, de las que ya habían caído. Porque ella había decidido no creerle. Tan sólo seguirle el juego, hasta tener la ocasión de acabar con él.

– – –

CAPÍTULO 4

TODOS MUERTOS

Mientras seguían discutiendo, el tipo se volvió a incorporar a ellos. Estaban todos tan acalorados con la discusión que ninguno se percató de la breve ausencia que había mantenido para ir a hablar con Silvia.

Se dispuso a repartir en unos vasos de plástico que llevaba en su mochila, una botella de refresco que también le acompañaba. Y fue ofreciendole a cada uno, su correspondiente vaso.

-¿Y ésto que es?

-Un refresco que llevaba en mi mochila. Siento que no esté frío.

-¿Y acaso eso importa un carajo? Y se trago el líquido de un solo sorbo.

Cosa que hicieron todos al unísono pero, lo que desconocían era, que aquella bebida tenía algo más que refresco. Era un arma, por así decirlo. Ya que el refresco llevaba una solución agregada. Veneno concretamente. Algo muy letal. Lógicamente el que él tomó, era el único que no llevaba.

A los pocos minutos de haberlo bebido, uno tras otro comenzaron a sentirse mal. Comenzaron a sudar profusamente y una taquicardia cada vez más incipiente se les unió.

Todos miraron al tipo preguntándole que mierda les había dado. Y esa fue exactamente su respuesta. Una grandísima mierda, que en tan solo un par de minutos más, acabaría con ellos.

Efectivamente así ocurrió. A los pocos minutos, todos fueron cayendo al suelo con tremendas convulsiones. Hasta que por fin el último de ellos, dejó de respirar.

Silvia, que hasta ese momento se había mantenido escondida, ya que la había liberado, sin pensarlo dos veces se abalanzó contra él, con una barra de hierro.

Justo antes de conseguir impactar con su cabeza, el tipo pudo ver apenas de reojo, las intenciones de Silvia. Por lo que intentó quitarse y esquivar el golpe. Y que consiguió a medias. Recibiendo, aunque no certeramente, un golpe en la cabeza que lo dejó algo aturdido.

Intentó defenderse a trompicones. Lanzando golpes al aire sin ver exactamente hacia donde dirigirlos. Pero que por pura fortuna, en una de ellas consiguió alcanzar a Silvia. Recibiendo esta un puñetazo en el ojo.

Sintió un grandísimo dolor, que la obligó a arrodillarse en el suelo. Momento que aprovechó el tipo para lanzarle una patada a su cabeza. Dejándola tumbada boca arriba medio inconsciente, mientras iba recibiendo puñetazos por todo su cuerpo.

El tipo parecía haberse vuelto loco. Golpeándola en un frenesí frenético, que sin lugar a duda iba a terminar con la vida de Silvia.

Fue tal la descarga de adrenalina que se le desató, que terminó completamente exhausto. Decidiendo tomarse un pequeño descanso.

Momento en el que el loco individuo responsable de todo aquello, hizo aparición.

-¡Vaya!. Veo que has cumplido a medias lo que te mandé. Te dije que era de vital importancia convencer a Silvia de que lo que le contaras, creyese que era cierto. Y está claro que no se fiaba de ti. Por cierto, ¿quién cojones te ha dado permiso para que le pusieras un dedo encima?.

-Bueno… ¡es que ella me atacó! y he tenido que defenderme.

-¿A eso llamas defenderte?.

Sin ni siquiera darle tiempo a que contestara, sacó una pistola y le voló la tapa de los sesos.

-¡Cabrón hijo de puta!. Te dije que ella era para mí.

Lentamente se fue acercando hasta Silvia y al llegar a su altura, este se agachó para comprobar si aún estaba con vida.

Cuando puso su oreja cerca de la boca y nariz de Silvia, intentando notar si aún respiraba. Un destornillador le atravesó la garganta de lado a lado.

Había sido Silvia, que mientras el tipo lidiaba con el otro, ella permaneció haciéndose la muerta. Esperando se diera alguna situación, como la oportunidad que había tenido, para clavarle un destornillador que tenía escondido debajo de ella.

Mientras se iba incorporando, no dejaba de mirar como el tipo agonizaba por apenas poder respirar, dando sacudidas en el suelo.

Luego se quedó observando a los perros, que habían permanecido inmóviles por expresa indicación de su jefe, diciéndoles:

-¿Y ahora que vais a hacer?. Ya no tenéis a un señor a quien proteger. Y sólo es cuestión de horas, que la policía consiga dar con este lugar. Yo que ustedes, aprovecharía para irme y esconderme en algún agujero de este mundo donde nadie os pueda encontrar.

Se quedaron impasibles durante unos segundos. Como meditando las palabras de Silvia. Pero acto seguido, todos comenzaron a correr en busca de la salida para escapar.

Por fin todo había acabado. Nadie salvo ella, permanecía con vida. Buscó un sitio donde acomodarse, y se dispuso a que en algún momento, las fuerzas del orden hicieran su aparición.

Mientras, se dedicaría a buscar una buena excusa que contarles, sobre aquel escenario que tenía delante de ella.

Iván A.

Fin

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