TIME TO DIE – 04

TIME TO DIE

TIME TO DIE es una saga de “Micro-Relatos” de suspense Espero os guste y os mantenga intrigados. Aquí el cuarto capítulo, con cuatro capítulos cortos.

CAPÍTULO 1

4.1 NUEVO ESCENARIO

El linchamiento del que había sido víctima un pobre insensato, se había convertido si es que no lo era ya, en un complicado problema social para las autoridades.

Cargos de muy alta responsabilidad, no llegaban a entender como era posible que personal tan cualificado que estaban trabajando en ello, no conseguían derribar ese escudo que mantenía a esa endemoniada web funcionando.

Por cada servidor que conseguían localizar y bloquear, aparecían cinco más dando cobertura a la página. Parecía inexplicable o en en realidad tenían una. Ya que los expertos no eran capaces entender los mecanismos que utilizaban, para conseguir el soporte que les brinadaba una continua conexión a la Red.

Para los altos mandos, eso era inaceptable. Una cosa era comprender, que estuvieran utilizando un método sumamente complicado de desactivar y otro, desconocer cómo lo hacían.

Prácticamente el país entero estaba en alerta. Las caras de los participantes, los que aún quedaban vivos, salían publicado por todos los medios disponibles. Sin embargo, parecían ser invisibles y nadie conseguía encontrar alguna pista para ofrecer.

Silvia viajaba en un autobús hacia un destino está vez, muy lejos de donde hasta ahora se había estado moviendo. Intentó cambiar su imagen haciéndose para ello un nuevo corte de pelo y utilizar un tinte para cambiar su color. Ropa con la que pasar desapercibida, sin mostrar ningún tipo de sensualidad hacia los hombres.

No se paraba mucho tiempo pensando en lo que había hecho hasta ahora salvo, para ver que mejorar o que cambiar para seguir teniendo éxito con sus planes. Las pobres víctimas utilizadas para su propio beneficio, era algo que no podía permitir le afectara.

En uno de los descansos que hizo el autobús, aunque fue más por un pequeño problema mecánico, los mantendrían allí al menos una hora y media según les dijo el chófer. Tiempo que decidió utilizar Silvia para ir a algún lugar donde no hubiera mucha gente. No tenía ganas de darle la oportunidad a nadie a intentar mantener alguna conversación con ella y ponerse en peligro a ser reconocida.

Encontró a las afueras del pueblo, una pequeña área de descanso y se sentó a mirar unas preciosas montañas que había a lo lejos.

Al poco tiempo de estar allí y encontrándose ensimismada por el paisaje. Una voz detrás de ella le sobresaltó.

– ¿Qué tal Silvia, reconoces mi voz?

La reconocía perfectamente. Era la voz de la persona con la que había estado hablado por teléfono, tras ser elegida en el sorteo.

– Parece que lo estás haciendo muy bien Silvia, pero la cosa se está poniendo bastante complicada y estarás conmigo, que no podemos decepcionar a la audiencia, si alguno de ustedes sois atrapados por la policía, ¿no crees?.

Silvia no contestó, sólo lo miraba con un profundo odio y se preguntaba si debería intentar acabar con él.

Me temo que vas a tener que venir con nosotros. Ahora seremos los que elijamos el escenario para proseguir el juego, sin el incordio de estar preocupado por la policía.

Un todo terreno se les acerco lentamente hasta detenerse junto a ella. Una de las puertas se abrió.

– Por favor Silvia, se buena y métete tu sola en el coche. Nos vamos de viaje.

– – –

CAPÍTULO 2

4.2 CAMINO DEL NUEVO ESCENARIO

Silvia iba en el coche junto a cuatro tipos. Dos delante y los otros dos ambos a cada lado suyo. El que había estado hablándole no iba con ellos. Supuso que iría detrás en otro coche.

Durante el tiempo que estuvieron en el conduciendo en dirección a alguna parte, ninguno de los cuatro abrió la boca. Parecían unos gorilas todo musculosos, de aspecto brusco aunque todos ellos inmaculadamente vestidos con trajes negros.

Pensó que simplemente serían sus perros de presa. Tipos a los que tenían contratados para realizar los trabajos sucios y no los verdaderos dueños de aquella web.

Después de algo más de tres horas de conducción, al fin uno de ellos la miró y le dijo que a partir de ese momento, tendría que llevar una especie de capucha que le cubría toda la cabeza y con la que era imposible ver nada.

Silvia no opuso ninguna resistencia, era absurdo negarse a hacer cualquier cosa que le dijeran, ante cuatro bestias matones que la custodiaban.

A partir de ese momento y a causa del aislamiento visual que le producía la capucha, no sólo perdió la noción de la orientación sino incluso del tiempo.

Ella, en un momento dado, calculó que debía de haber pasado ya al menos, el mismo tiempo con la capucha puesta que el que pasó sin ella. Por lo que imaginaba, ya debería encontrarse la noche bastante avanzada.

Después de tantas horas metida en el coche sin parar en ningún momento, su cuerpo empezaba a resentir un malestar propio de permanecer tanto tiempo en una misma postura. A parte, de que ciertas necesidades fisiológicas empezaban también a sentirse.

Aguantó un tiempo más sin habrir la boca, hasta que esas necesidades la obligaron a pedirles por favor, que necesitaba ir urgentemente a un baño.

Uno de ellos, el mismo que le dijo que se colocara la capucha, le contestó que aguantara sólo un poco más. Que en tan sólo unos quince minutos, llegarían al supuesto destino elegido por ellos.

Efectivamente, al poco tiempo el coche giró y se introdujo por un carril de tierra. Algo que supuso Silvia al sentir un evidente cambio del rodar del coche. Notándose que debía de ser un camino bastante descuidado por las sacudidas que sufría cada vez que una rueda se metía en algún agujero del camino.

Aún estuvieron rodando durante unos minutos más hasta que de pronto, el coche frenó en seco y paró el motor.

Una de las puerta se abrió y el tipo que estaba en uno de sus lados salió del coche. A la misma vez, que esa voz que tenía grabada en su cabeza volvió a escucharse.

– Bueno Silvia. Ahora vas a salir del coche y dos de estos tipos de ayudarán a que entres en la casa sin que temas tropezar y caer. En unos minutos podrás entrar en un baño para hacer tus necesidades y también ducharte y adecentarte. En una silla que hay en el baño, podrás ver una muda tuya que hemos cogido de tu bolsa. Espero haber elegido bien.

Y así fue. Tras salir del coche, dos de los tipos se pusieron a ambos lados de ella y cogiéndole por los brazos, la fueron llevando al interior de la casa.

De repente la pararon y se escuchó abrir una puerta y bruscamente alguien le quitó la capucha que aún llevaba puesta.

-De acuerdo Silvia escúchame atentamente, dijo nuevamente esa voz. Ahora como ya te he dicho, puedes entrar a ese baño y asearte durante el tiempo que desees. No temas que nadie entrará sin tu permiso al baño. Una vez hayas terminado, por favor sal y podrás comer algo si te apetece y después te llevaremos a una habitación para que pases la noche. Ya que aún no hemos llegado al lugar al que vamos.

– – –

CAPÍTULO 3

4.3 CALMA ANTES DE LA TORMENTA

Silvia se tomó con tranquilidad el tiempo que pasó en aquel baño. Se había dado cuenta, que éste inesperado cambio en el juego la había desorientado y creado cierta desconfianza sobre la seguridad que había adquirido sobre sí misma.

Tenía que reevaluar nuevamente la situación. Y se enfadó consigo misma, por no haber tenido en cuenta ésta coyuntura. Su propósito no sólo era conseguir ganar el juego. Lo quería hacer sin mancharse directamente de sangre las manos y evidenciando ser superior a los creadores del juego.

¡Adaptabilidad! Se repetía una y otra vez. Debía volver al equilibrio mental que había conseguido y ser sobradamente fluida en sus decisiones y manera de actuar, al margen de inesperados cambios que fueran surgiendo. Cambios como el que había ocurrido hacía unas horas.

Similares situaciones como la sucedida con Silvia, estaba ocurriendo con los otros cuatro participantes que aún quedaban.

Cada uno de ellos fue recogido y llevado a un lugar secreto donde pasar la noche. Para posteriormente y ya al día siguiente, ser llevados al nuevo escenario donde tendría lugar la continuidad del juego.

Por otra parte, el caos que reinaba entre los familiares de cada uno de ellos y la policía, iba llegando a un extremo incalculable.

Para la policía, todos se habían convertido en posibles sospechosos. Los familiares que no habían sido retenidos y llevados a dependencias policiales para mantenerlos custodiados, estaban siendo estrechamente vigilados.

Las llamadas, movimiento o acciones que mantenían, era examinado y evaluado para intentar conseguir algún tipo de pista, que les llevara a la localización de los participantes.

Cada uno de ellos, se encontraba en algún lugar escondido y puesto al tanto del cambio de planes que iba a tener lugar. Pero eso sería algo que sucedería al día siguiente. Esa noche, gozarían de un descanso y una tranquilidad, que no habían podido disfrutar desde el comienzo del juego.

Todos se resignaron a ese cambio. Ya que no les quedaba otra posibilidad, más que ser títeres de las mentes retorcidas de quienes estuvieran detrás de todo aquello.

Así que más o menos, al igual que hizo Silvia, intentaron relajarse, recuperarse mentalmente e intentar adivinar, cómo y dónde retomarían el juego.

A ninguno se les pasó por la cabeza intentar escapar o enfrentarse con quienes les retenía. Sólo tenían un objetivo. Y ese objetivo, era Silvia.

Tras asearse y comer, fueron llevados a una habitación muy acogedora, amplia, con una gran cama, sofá y televisión. No les faltaba de nada, salvo que todas tenían una misma peculiaridad. En ninguna de ellas, había ventanas y disponían de un solo acceso, para entrar y salir.

Cosa que les resultaría muy difícil, ya que la puerta estaba blindada y cerrada desde fuera.

Poco a poco, cada uno cuando asi decidieron, se a costaron para intentar dormir. Cosa, quizás por la tensión acumulada de tantos días, consiguieron hacer todos. Cayendo en un profundo sueño.

Al día siguiente, las apacibles horas de las que estaban disfrutando se acabarían para nuevamente, retornar a su fatal pesadilla. TIME TO DIE, es hora de morir.

– – –

CAPÍTULO 4

4.4 ¡QUE EMPIECE YA!

A la mañana siguiente, bien temprano y a la misma hora, las puertas de las habitaciones donde habían pasado la noche se abrió. Recibiendo cada uno la notificación de que disponían de media hora para estar listos. ¡Partían hacia su destino final!.

Les volvieron a cubrir la cabeza para que no pudiesen ver nada. Y nuevamente los montaron en los todo terrenos para ser llevados cada uno, a una pista desde donde una avioneta los llevarían ésta vez, a un mismo punto de encuentro.

Todo parecía precipitarse muy rápidamente. A diferencia del día anterior, podía notarse una gran tensión en el ambiente.

Las maneras y forma afable que habían tenido con ellos las personas que los escoltaban, se transformó en impaciencia que expresaban, increpándolos por no obedecer de inmediato a cada cosa que les decían.

Incluso llegando en alguna ocasión, a utilizar la fuerza mediante golpes hacia algunos de ellos. Y que por la corpulencia y fuerza que todos tenían, el daño que causaban era considerable.

El vuelo fue de una duración distinta para cada uno, debido a que se encontraban en puntos diferentes. Aún así, el que más duro no rebasó las tres horas.

Cuando las avionetas iban tomando tierra, los iban sacando casi a empujones y llevados a una estancia, donde los sentaron y amarraron con cadenas a las sillas. Todos seguían con la capucha puesta y de vez en cuando, según iban llegando los participantes el alboroto aumentaba escuchándose como increpaban a los que llegaban.

Cuando por fin los cinco se encontraban ya allí todos sentados y encadenados, se hizo un silencio absoluto. Escuchándose tan sólo las respiraciones y pequeños lamentos que algunos lanzaban.

Salvo Silvia. Ella se encontraba tranquila y relajada. Atenta en percibir cualquier muestra que le pudiese ser de ayuda, para quizás más tarde poder utilizar.

De repente se escucharon unos pasos dirigiéndose hacia ellos. Se paró y se volvió a escuchar otro sonido, ésta vez como si alguien se apoyara contra algo.

Y al unísono, a los cinco le quitaron la capucha. Mostrando cada uno a través del gesto que mostraban sus caras, incertidumbre, miedo, desconcierto… Salvo Silvia.

-¿Cómo están señores? Y señorita por supuesto.

Dijo el mismo hombre que había estado hablando con Silvia tanto por teléfono, como el día anterior al recogerla.

-Bueno, no demoremos más el juego. Vuestros fans están espectantes esperando a que éste se reanude. Os daré una explicación de lo que va a pasar. Aunque en resumidas cuentas, es algo muy fácil y obvio. Acabar con la vida de ella.

Silvia permanecía impasible. Como si todo aquello no fuese con ella. En cambio los otros cuatros, empezaban a volver a transformarse en unos animales salvajes lleno de odio.

-Os encontráis en un gigantesco edificio abandonado de varias plantas. Lleno de recovecos, pasadizos y mil y un lugar donde poder esconderse. Vosotros cuatro, vais a ser llevados a un punto de éste edificio y a partir de ahí, sólo tenéis que tener en mente una sola cosa. ¡Encontrarla!.

-Una cosa más. Todas las salidas al exterior están tapiadas, por lo que sería absurdo que intentarais buscar una. Y en caso de que la hayárais, no dudéis que seréis castigado de tal forma, que suplicareis morir. ¿Os ha quedado claro?.

Sin darles tiempo a que habriesen la boca, varios de los bestias que allí estaban comenzaron a quitarles las cadenas y prácticamente arrastras, fueron sacados de allí en dirección al lugar desde donde comenzarían.

En apenas unos segundos Silvia se quedó a solas con el tipo ese y otros cuatro más que la rodeaban.

-Bien Silvia. Hasta ahora lo has estado haciendo muy bien y has sabido manipular a otros para que hicieran el trabajo por tí. Pero como ves, todo ha cambiado. Me temo que vas a tener que empezar a mancharte las manos de sangre, si quieres permanecer con vida.

Silvia, que estaba siendo desatada de sus cadenas se levantó de la silla lentamente y fue acercándose al tipo ese.

-Escúchame hijo de puta, dijo Silvia. ¿Acaso creíste cuando todo ésto comenzó, que sabría como hacer para acabar con tres de ellos, sin ni siquiera salpicarme?

-Tienes muchos huevos al atreverte a hablarme así, le contestó.

-Me sobran huevos cabrón. Todos los que a tí te faltan. Eres un mierda, que sólo es capaz de sacar su ego de macho, rodeado de perros como los que tienes aquí.

-¿Eso crees? Pues escúchame bien zorra. Puede que consigas acabar con éstos cuatro mierdas que aún te faltan pero, si lo consigues, recuerda que soy yo quien pone las reglas. Y me temo que acabas de ganarte un jodido cambio. No creas que acabando con los cuatro podrás salir de aquí sin más. Para ello, tendrás también que acabar conmigo y créeme, ninguno de éstos perros como tú los llamas, moverán un dedo para ayudarme. Voy a joderte viva puta.

-Jajajajajaja empezó Silvia a reírse. Te falta cuerpo para llevar, los huevos necesario para joderme hijo de puta. Hazme un favor, cierra esa jodida boca y llévame al sitio donde tengas previsto empiece. Y comienza a rezar, porque no tardaré mucho en venir a por tí y sacarte el corazón.

Los cuatro concursantes ya no le preocupaba a Silvia. Esos iban a ser una merienda para ella. Lo que deseaba ansiosamente era, volver a encontrarse cara a cara con el tipo ese. Iba a hacerle arrepentirse, de haberla escogido a ella como la protagonista del “JUEGO FINAL”

Iván A.

TIME TO DIE – 05

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