LA INVALIDA COLUMPIÁNDOSE

RELATO SARCÁSTICO (Abstenerse quien tenga poco sentido del humor)

Tendría yo unos veintipocos años y ayudaba como voluntario en un Centro de Rehabilitación de Toxicómanos. También al Centro acudían algunos presos, a los que el juez les permitía cambiar la cárcel por el Centro con el fin de rehabilitarse. Acudían, de todos los rincones de España.

Un día en el que tres compañeros y yo, nos encontrábamos en Málaga para tramitar unos papeles de algunos de los internos que procedían de ésta provincia, los jefes nos llaman para decirnos de pasar allí la noche, ya que al día siguiente tendríamos que recoger a una persona que iba a ingresar en el Centro.

Por lo tanto y tras solucionar el tema del alojamiento decidimos salir esa noche a tomar algo y divertirnos un poco. Como habíamos estado viendo durante el día, muchos carteles anunciando a un grupo de allí que tocaba esa misma noche en un garito, decidimos ir a verlos.

Ya por la noche y encontrándonos en el garito en cuestión, bebiendo y escuchando al grupo una chica que se encontraba junto a nosotros, guapísima y muy simpática, comenzó a entablar conversación. La chica estaba en silla de rueda pero, no parecía resultarle ningún impedimento.

A eso de la 01’30 de la noche, decidimos que era hora de tocar retirada, ya que tendríamos que madrugar un poco. Por lo que comenzamos a despedirnos de la chica y al hacerlo yo, me dijo que ella también se iba a marchar a su casa y que si podía hacerle el favor de acompañarla, que no vivía muy lejos de allí.

Lógicamente le dije que sí y tras decirles a mis compañeros que se marcharan y que yo iría luego tras acompañar a la chica a su casa, salimos de bar caminando y charlando, mientras yo empujaba el carrito.

Después de algunos minutos, pasamos junto a un parque que aún a esas horas de la noche, permanecía abierto. Y sin esperarlo, la chica me dijo de golpe:

– Oye, ¿te apetece entrar y enrollarnos?

Sinceramente no me esperaba algo así y en esos instantes no supe que decir.

– Lo único que pasa es que no puedo “follar”, estando completamente tumbada, me dijo ella.

– Ummm bueno, no sé… ¿pero tú…?

– ¿Si puedo? jajajaja claro que sí hombre. Además tengo aquí todo lo necesario.

Cuando se refirió a tener todo lo necesario, quiso decir a un arnés y unas cuerdas que tenía guardado en un bolsillo de detrás de la silla. Así que tras entrar al parque y dirigirme hacia una zona donde había un enorme árbol que tenía una de sus ramas muy baja y en horizontal, ella comenzó a sacar de detrás el arnés y las cuerdas. Me indicó como colocarlas en la rama del árbol, de tal forma que parecía un columpio.

Después se desnudó, la senté en el arnés y como si la estuviera columpiando, comenzamos a “follar”. Jajajajaja aquello parecía surrealista. Pero en fin, allí que estuvimos liados hasta que tras terminar, le ayudé a vestirse, a sentarse de nuevo en su silla y a desmontar el chiringuito.

Después de salir del parque y de andar un rato más, llegamos a su portal. No sé por qué, comencé a sentirme incómodo y estaba deseando irme. Me despedí de ella y le dije que había estado todo muy bien. Pero de repente, va y me dice:

– Espera, es que vivo en un cuarto y no tenemos ascensor.

¡Joder! pues ahí que me veo con ella echándomela a un hombro y con la otra mano cogiendo la silla y por supuesto, subiendo hasta el cuarto piso.

Una vez arriba, vuelvo a despedirme pero nuevamente me dice:

– ¡Espera, espera! que no llevo llaves, voy a llamar para que me abra mi padre.

– Vale pero yo me voy, no tengo ganas de conocer ahora a tu padre.

– No por favor, espera…

Y sin darme tiempo a marcharme, se abre la puerta y aparece el padre. Y cómo de algo muy natural, me saluda muy amigablemente y me invita a pasar a su casa.

– ¡Por favor! pasa, pasa…

– No gracias, si es que tengo que marcharme ya.

– ¡No, no espera! entra por favor. Voy a hacer café.

– ¿Café? no gracias, a éstas horas no tengo ganas de café.

– Sisisi, sólo un momento.

Pues allí que me veo sentado en el sofá, con un café y hasta pastas para acompañar y sobre todo, una exagerada amabilidad conmigo. Cosas que me hacen no poder aguantar las ganas y le pregunto:

– ¡Perdone! disculpe mi pregunta pero, ¿Cómo tras aparecer un extraño junto a su hija a las puertas de su casa, se comporta con tanta amabilidad, que hasta le prepara café e invita a comer pastas?.

Tras una larga pausa que se hizo interminable, por fin el hombre contesta:

– ¡Hombre! es que al menos, tú la has traído a casa y no la dejaste colgada del árbol.

FIN

Bueno este relato, chiste, cuento o como quieran denominarlo, no es mío. Fue algo que me contaron hace muchos años y que como imagino les habrá ocurrido a muchos, mientras me lo contaban, tenía una sensación de risa y odio por quien me lo contaba jajajaja.

Sólo es una historia, quizás bastante sarcástica. Pero tan sólo eso, una historia.

Iván A.

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La invalida columpiandose

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