MAFIOSO POR UN MOMENTO

Como ocurre en uno de esos días en los que te levantas y de repente te encuentras en una de esas irremediables situaciones sin posibilidades de evitarlas y que sin quererlo, te ves integrado en una de las bandas mafiosas más peligrosas así, sin más.  

Son situaciones que ocurren sin tú buscarlas y sin llegar a entender que carajo pasó. Cuando tan sólo estabas tomándote un jodido café en un bar en el momento menos oportuno y debes decidir que vas a hacer sobre tal situación.

Así que te encuentras sopesando si vas a comportarte como un ingenuo capullo que pretende a toda costa hacer entender a unos putos locos sin escrúpulos, que nada tienes que ver con aquello que está sucediendo, arriesgándote a que no te crean y sufriendo las consecuencias de unos tipos con una mentalidad perturbada, cuyo único fin es saciar su sed de venganza hacia todo aquel que consideren tengan un comportamiento que simplemente le molesta o vas (quizás no te lo niego, a hacer la mayor gilipollez de tu vida) hacerte pasar por un verdadero hijo de puta, donde no concedas ni la más mínima jodida insinuación sobre sus dudas sobre tí. Porque eso es una de las partes esenciales de este tema.

Todo, absolutamente todo, haz de dar a entender que te está provocando el que te estén tocando los huevos.   Sí, señores ese es el resumen. Tener la mala suerte de encontrarte en el día, hora y lugar menos oportuno, donde varios integrantes de la mafia han decidido reunirse. Y como quien no quiere la cosa y tras una primera duda te consideran uno de ellos. Y cuando por fin entiendes en medio de que estás metido, ya es demasiado tarde porque tus oídos se han enterado de lo que nunca debería haber hecho. ¿Qué otra cosa podría hacer?.

Así sucedió. Mientras estaba sentado en la barra de la cafetería, comenzaron a entrar uno tras otro, unos putos gorilas de no menos dos metros cada uno, hinchados algunos de esteroides y con una cara imposible de poder esconder su puta mala leche.

Poco a poco al fondo del local, se iba congregando los tipos y hablando de cosas que no deberías oír y a gritos obligaban a los clientes a abandonar el local. La verdad es que yo estaba teniendo un jodido y maldito día. Y sinceramente, la presencia de esos bestias y su forma de echar al personal me estaba haciendo sentir molesto, a la misma vez que me producía una incomodéz que no tenía intención de soportar.

Así que cuando uno de ellos se me acercó y me dijo que estaba cerrado y que mi presencia allí molestaba, no sé qué se me pasó por la cabeza que me quedé mirándole a los ojos y mientras le miraba fijamente me dijo. ¿Qué te pasa tío estás retrasado y no entiendes lo que te digo?

Ni siquiera le contesté. Simplemente me baje de la banqueta, la cogí con una mano, lo miré y se la partí en la cabeza. El tío cayó al suelo aplomo, con una tremenda brecha en la cabeza y sangrando profusamente. En el mismo momento cinco tipos más se levantaron dirigiéndose hacia mí. Yo levante la mano en señal de stop diciendo. Escuchad, sois cinco y sólo quedan tres taburetes, elegir entre ustedes quién quiere recibir el porrazo, los otros dos no tendrán tanta suerte.

Los tíos se quedaron mirando como sorprendido y entonces uno dice. ¡Qué hijo de puta!. ¿No aguantas una broma o qué?. ¿Me vés cara de ser gracioso?.

Una hoz se escuchó al fondo. Bueno, ¿Ya?. Venid a sentaros coño. Al llegar pregunté, ¿Álguien trajo chucherías?. ¿Quién cojones va a traer chucherías, tío?. Ve compra tus putas chucherías y vuelve. Pero cuando regreses no levantes más tu jodido culo de aquí.

Así que salí a comprar chucherías y sin mirar atrás me fui alejando. Hasta estar lo suficientemente lejos como para considerarme a salvo.

¡Joder!. ¿No es tener un puto y jodido día y a la vez una suerte imposible?.

Iván A.

CASTIGO AGONIZANTE

EL REGRESO

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