PERDIDO EN DOÑANA

Estando preparando la ruta “TRANSANDALUS” (que es la vuelta a Andalucía en bicicleta) me fui a comprobar el rutrómetro para ver si todo estaba correcto y los track y mapas eran precisos. Cogí la bici para dirigirme concretamente a Sanlúcar de Barrameda, ya que saliendo desde Sevilla esa es la primera etapa de unos 94 km y que disfrutando del paisaje puedes hacerla en unas cinco horas y media.

TRANSANDALUS

Un recorrido hermoso, que transcurre paralelo al rio guadalquivir. Salí desde Sevilla dirigiéndome hasta Coria del Río y atravesarlo con la barcaza.

barcaza coria del rio

La ruta continuaba por caminos de tierras prácticamente paralelo al guadalquivir, pasando por muchas fincas y cultivos de arroz y fabrica de sal. Paré, en la única venta que te encuentras por el camino para desayunar y coger fuerzas. Los track y rutrómetro están siendo correctos y cuando ya me faltaban pocos kilómetros para llegar a Sanlúcar de Barrameda, volví a parar y almorzar y así una vez llegara, podría pasar la tarde en la playa tranquilamente. Me había llevado todo el material alforjas, saco de dormir, tienda de campaña, hornillo e incluso la junta de Andalucía me había expedido un permiso para pernoctar en el coto de Doñana… ¡Qué más podía pedir!.

Una vez en la la playa de Sanlúcar de Barrameda disfrute de lo que quedaba de día y esperé a que se hiciera de noche para dirigirme al Coto de Doñana donde pasaría la noche. Siendo ya Diciembre, el día estaba siendo espectacular y parecía un mes de Julio, pero al empezar a anochecer el frio comenzó el a notarse, pero ya me  faltaba poco para poder acomodarme porque estaba ya, dentro del Coto de Doñana, por un camino que encontré cuando el sol estaba casi oculto.

Coto de doñana

Por fin divise un lugar idóneo donde pasar la noche. Apoyé la bicicleta en unos arbustos y comprobé el lugar. Pero al mirar un poco más al frente divisé una explanada que parecía en mejores condiciones. No me alejé más de 10 metros de la bicicleta, pero al darme la vuelta para ir a por ella, la oscuridad era tal, que me fue imposible ver más allá de dos o tres metros delante mía. Intenté orientarme en dirección a la bici, pero me fue imposible. Comencé a moverme en círculos hasta que llegó un momento en que estaba tan desorientado que ya no sabia donde me encontraba. Así que me paré y decidí no moverme más para no alejarme de donde creía estaba la bici. Recordé que tenia una “app” en el móvil donde que te decía la orientación del sol a lo largo del día. La saqué y comprobé por donde se había puesto. Recordaba haberlo mirado por ultima vez antes de dejar la bici, así que me dirigí hacia donde se puso el sol, con la esperanza de encontrar el camino que había recorrido por el interior del Coto y ¡Menos mal lo encontré!

Ahora ya estaba al menos en el camino donde justo había dejado la bici, pero no tenia referencia de donde me paré y salí del camino a dejar la bici apoyada en unos arbustos. Estaba vestido tan sólo con unas mallas de ciclista cortas y un maillot de manga larga pero muy fino, ¡menuda noche me esperaba sino encontraba la bici!.

Señalicé el lugar y me fui adentrando para buscar la bici y a los pocos metros daba la vuelta para volver al camino. Así estuve mucho tiempo pero sin éxito. No me quedaba otra que pasar la noche al raso, sin comida, sin agua y lo peor, sin to a de abrigo. Busqué un hueco donde cobijarme y esperar que pasara la noche, pero tras una hora el frio era tal, que me fue imposible quedarme quieto. Comencé a preocuparme y de repente al pitarme el móvil, me dí cuenta de que estaba apunto de quedarme sin batería. Por lo que decidí llamar a mi familia y comunicarle en que situación me encontraba. No pude darle una ubicación exacta y les dije que al día siguiente intentaría salir y buscar un teléfono para llamarlos y al poco tiempo el móvil se apagó.

Como era imposible quedarme quieto por el frio comencé a caminar por el camino o vereda y a cada 50 pasos hacía una marca o construía un pequeño montículo y me daba la vuelta hasta llegar al punto de salida. Para continuar esta vez hacia el lado contrario. Poco a poco fui alargando los metros que marcaba cada 50 pasos. Así llegó un momento en que fui capaz de recorrer dos o tres kilómetros por cada lado. De este modo pasé desde las 10 de la noche, hasta las 7 de la mañana aproximadamente. Caminaba, corría, daba saltos, todo para poder entrar en calor, ya que cuando me paraba más de 20 minutos el cuerpo comenzaba a dolerme del frio.

La noche se me hizo interminable y cuando por fin comenzaron a salir los primeros rayos de sol, para mí fue una bendición. Esperé una media hora más calentándome con los ansiados rayos de sol, para después comenzar la búsqueda de la bicicleta. Pero increíblemente tras dos horas de búsqueda no conseguía hallarla. Hasta que de pronto aparecieron cuatro ciclo-turistas que estaban de ruta. Los paré a pedirles ayuda, lo primero fue beber agua y tras contarle la odisea, uno de ellos planteó hacer una batida e intentar localizar la bici.

Tras un rato de búsqueda uno de ellos grito “¡Aquí esta!” se había caído al suelo y apenas se distinguía de entre los arbustos. Que sensación de alivio me recorrió por todo el cuerpo pero cuando estaba ya eufórico, aparecieron dos todo terreno. Uno de la guardia Civil y otro de Infoca y al pararse junto a nosotros, uno de ellos dice:

“¿Es alguno de ustedes Iván Saavedra? yo me quedé atónito ¿Cómo sabían mi nombre?”

Tras preguntarle, me dijeron que tras llamar yo a mi familia, se pusieron en contacto con ellos y habían estado haciendo una búsqueda durante la noche, ya que ésta había sido hasta entonces, una de las noches con temperaturas más bajas y al parecer por los datos que ellos tenían, yo estaba muy mal provisto de indumentaria, y temían sufriera hipotermia.

Efectivamente estaba mal equipado, todo estaba en la bici. Tras agradecerle su preocupación y el que hubiesen estado buscándome “Pensé que me tomarían datos para hacerme algún tipo de factura y pagar todo aquello ¡pero no!” me monté en mi bici, me despedí de todos ellos y para volver a recorrer los 94 km de vuelta a Sevilla después de haber estado toda la noche andando y corriendo. Me dijeron de montar la bici en uno de los coches y llevarme al pueblo, se lo agradecí pero desistí la tentación.

Al llegar de nuevo a Sanlúcar de Barrameda, paré a llamar a mi familia, que me pidieron esperara a que fuesen ellos a recogerme, ¡pero que diablos! después de una aventura como esa, había que terminarla a lo grande, haciendo de nuevo la ruta de vuelta a Sevilla y desde luego que la terminé a lo grande, nada más entrar en Sevilla, justo a la altura bajo el puente del V Centenario, se me rompe el sillín de la bici y he de hacer los 15 últimos kilómetros de pie en ella, ya que no tenia sillín. Cuando por fin entré en mi casa no me lo podía creer, mientras mi madre me decía, anda hijo ya tienes otra de tus aventuritas jajajaja ¡Pues sí, una más!.

Iván A. 

Rutas en bicicleta

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