MIS COMPAÑERAS DE LA OFICINA

(RELATO DE HUMOR, dedicado a las compis de mi trabajo)

Voy a hablaros de las compañeras administrativas que hay en la oficina de entrada de mi trabajo. Empezaré por la que me recuerda a aquel memorable momento que me ocurrió estando hace años en una empresa, y en la que una mañana se presentó la mujer de uno de los jefes con uno de sus hijos pequeños. Este supongo que picado por la curiosidad, comenzó a dar vueltas por la fábrica, hasta llegar a donde yo me encontraba y me preguntó:

– ¿Tú como te llamas?.
– ¿Mi nombre?…(y parodiando a esos genios llamados Les Luthiers, le dije) me llamo Yogurtu Mghe

El pobre se quedó así como extrañado y me volvió a preguntar:

– ¿Cómo te llamas?
– Yogurtu Mghe
– ¿Yugurtu Ungue?
– Nononono Yugurtu Ungue, no. Yugurtu Mghe
– ¿Y por qué te llamas así?
– Yo nací en el África, por eso mi piel es negra.
– ¡Pero tú no eres negro!

Tras una larga pausa y mirándolo con una mirada, que podía atravesarle, le pregunté:

– ¿Me estás diciendo que yo no soy negro?
– (…el pobre me miraba sin saber, si lo que sentía era miedo o creer estar ante un loco) nonono.
– ¿Entonces?
– Que sí, que eres negro…

Pues algo así es lo que le pasa a una de mis compañeras. Todas se llaman Isabel…todas menos ella. ¡Ella se hace llamar Araceli!. Todos sabemos que en realidad también se llama Isabel pero….le seguimos la corriente y la llamamos Araceli.

Luego tenemos a Isabel 1. Que el próximo mes nos dejará, ya que se marcha a un centro de Salud prácticamente al lado de su casa pero…lo de que se marcha el mes que viene, lo lleva diciendo hace aproximadamente ya, cuatro años y medio. Y claro, cada mes va recibiendo regalos de despedida. Pero son ya tantos meses esperando, que la gente a acabado con los típicos regalos individuales que se hace para estas cosas. Optando a poner entre todos una cantidad de dinero y hacerle un regalo de mucha más categoría…Como viene siendo televisores de pantalla plana (ha conseguido poner ya no sólo uno en cada cuarto, sino que también tiene en la cocina e incluso…en el cuarto de baño. Ordenadores portátiles, tantas tables que las utiliza como las lentillas de esas desechables…uno cada día. Ya ni siquiera se lleva la mayoría de regalos y los tiene acumulados incluso sin abrir, en un armario que allí hay. Son como cajas de sorpresas.

Después tenemos a Isabel 2. Ella se sienta, en la parte de la oficina que podríamos denominar, como la pecera. Ya que tiene una gran cristalera, justo donde los transportista se suelen poner a esperar su turno y claro…ella que es muy coqueta, se pone mientras trabaja con el ordenador, a poner morritos y ojitos, que tiene a la mayoría de estos enamoraditos. Aunque ahora le han puesto a realizar otro trabajo, ya que van a poner una máquina almacenable, y es necesario tomar medidas del tamaño de las cajas de los productos allí almacenados, como de su peso. Pero es un trabajo que llegado un momento te hace entrar en estado de locura, por lo que cada cierto tiempo hay que ir a comprobar que tal va, ya que sueles (tras perder el razonamiento) encontrándotela midiendo cosas tan absurdas como el pomo de una puerta, los tornillos de las estanterías e incluso un día, a cada compañero que por allí pasaba los obligaba a medirse y pesarse. Así que como digo, de vez en cuando hay que ir y resetearla, como si de algún “NODO” caído se tratara.

Y nos queda Isabel 3. Siempre que la recuerdo, la imagino con sus vaqueros y…lo reconozco, cada vez que se cruza conmigo me quedo mirándole el culo. Lo sé, lo sé, soy culpable de mis propias obscenidades. Ella es así como más introvertida, y quizás por eso se sienta en el lugar más escondido a lo que sería cara al público. Recuerdo el primer día que la vi en su flamante Mercedes blanco, que mis neuronas comenzaron a crear una historia, de mujer soltera, con cochazo y padres pudientes. Que sólo me faltó comprarme un megáfono, para gritar que yo era una persona soltera y sin compromiso. Hasta que llegó la Puta realidad, contándome que se trataba de una mujer casada y con hijos.

Bueno pues hasta aquí la historia escrita con cariño y mucho humor. Y espero así os lo toméis y sea una más de las anécdotas a contar.

Besos para todas.

Iván A. 

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