LA DESPEDIDA

Desperté a media noche sudando, angustiado. Jadeaba y un terror me inundaba todo el cuerpo. Desde la cama miré hacia la puerta del cuarto y allí, en el pasillo que daba al salón, notaba una presencia. Y no era de alguien extraño, sabía perfectamente de quien se trataba pero esto era totalmente ridículo e irracional. Llevaba muchos años ya viviendo solo y jamás había sentido miedo por ello. Ni por pasar las noches en una casa solo, a oscuras y escuchando ruidos. Pero lo que en ese momento sentía no podía compararlo con ningún otro miedo que hubiera sentido antes. El corazón me latía a mil por horas, sólo estaba esperando a que entrara y esa idea me angustiaba. Quien allí se encontraba era mi abuela, sí era ella estaba seguro de ello ¡Pero como era posible! Hacia años que no sabia nada de ella por unos problemas familiares y la relación era inexistente. En ese momento mi cuerpo me decía que estaba allí, como si quisiera poder despedirse de mí, parecía estar esperando que le diese permiso para entrar. Todo estaba en mi cabeza pero ¡Era todo tan real!. 

Sin embargo el terror era mayor que el deseo y en mi interior solo existía una suplica ¡No!. Y poco a poco, como si de la luz de una vela se tratara se fue apagando, diluyendo la sensación. Quedando de nuevo todo en paz y tranquilidad, quedando mi cuerpo en reposo hasta volver a quedarme dormido.

Transcurrido ya un tiempo de aquello, quedamos como venia siendo habitual en la familia a comer, junto con mis hermanas en casa de mi madre. Mientras comíamos no sé como, se me ocurrió comentar lo que me había pasado algún tiempo atrás. Estuve relatándoles la manera tan real en que tuve aquel sueño. Las tres escuchaban atentamente como muy sorprendidas y de repente, una de mis hermanas dijo.

– Yo también he pasado por eso. 

Entonces fui yo quien se sorprendió y me quedé mirándola pero, sin tiempo a poder reaccionar mi otra hermana dijo también.

– Entonces ya somos tres. Yo también lo he tenido hará cuestión de unas tres semanas atrás.

Y al unísono todos miramos a mi madre, como esperando que ella también fuera a decir lo mismo. Pero no, ella negó haber pasado por algo así. Por lo que solo los tres hermanos y es ahí lo curioso, habíamos tenido una misma experiencia.

Intentando recordar en que momento nos ocurrió a ambos, todo parecía ser que habíamos coincidido en el tiempo. Aunque no supimos concretar el día exacto. Lo único que en ambos casos, la sensación había sido igual y de inmediato los tres tuvimos en ese momento, la sensación de que había venido a despedirse. Por eso, a todos se nos pasó por la cabeza la misma idea ¿Estaría viva? ¿Le habría ocurrido algo? y ¿Habría muerto?. 

Parecía todo tan extraño y sorprendente que no sabíamos que pensar. Todo era posible, se trataba ya de una mujer mayor y no era de extrañar que pudiera haber fallecido. Aunque nos extrañó, ya que aunque mis padres estaban separados y no manteníamos tampoco mucho contacto con él, con mi padre, si algo así hubiese ocurrido, creíamos que lo habría comentado a alguna de sus hijas.

Pero aunque al final la velada transcurrió por otros lances, a todos se nos quedó en la mente lo ocurrido. Por eso una de mis hermanas en cuanto tuvo ocasión, inicio unas pequeñas averiguaciones sobre la familia de mi padre y al poco tiempo, casi por casualidad se encontró con un familiar lejano, que le dijo que efectivamente mi abuela había muerto. También dijo que le extrañó, no ya que algunos de nosotros no hubiéramos asistido al funeral (no sabían nada sobre el problema familiar) sino que ni siquiera mi padre o sea su hijo, tampoco había ido al funeral. Después de despedirse intentó ponerse en contacto con mi padre, pero le fue imposible, aunque sí consiguió hablar con mi madre y explicarle la situación.

Días después estando ya todos reunidos, cada uno contó lo que había conseguido averiguar. Consiguieron hablar con mi padre y por muy sorprendente que pareciese, no tenía conocimiento de la muerte de su madre. Se había enterado en ese momento por una de mis hermanas. Desde luego, la unidad familiar estaba totalmente rota con respecto a mi padre y su familia pero, ¿Hasta tal extremo?.

A todos nos invadió la misma sensación, aquello que sentimos los tres hermanos había sido real, creíamos que de alguna manera ella, mi abuela, ya en espíritu necesitaba despedirse para continuar su camino hacia el otro lado. Entonces ¿Quería eso decir que había algo después de la muerte?. 

Tras entender eso, una paz interior nos lleno a cada uno de los hermanos. Ya no sentíamos miedo, solo el deseo de perdonar y olvidar errores pasados. Todos cometemos equivocaciones y creíamos, que quizás se mereciera irse con esa paz en su corazón.

Y de la misma manera que ocurrió por primera vez pasado ya un tiempo, una noche de nuevo desperté sintiendo otra vez esa presencia en el pasillo. Y volví a intuir que se trataba de mi abuela. Me incorporé en la cama y comenzaron a caer lagrimas de mis ojos. No sentía miedo, ni odio, solo el deseo de hacerle sentir paz. Entonces, tras secarme las lagrimas le dije:

– Tranquila abuela, no sientas pena. Todo acabó ya, no te sientas en deuda por nada. En mí solo queda el recuerdo de mi niñez. Aquella que tan feliz pasé contigo. Espero que un día, volvamos a encontrarnos y volver a reír juntos.

De pronto, esa energía intensa que llenaba cada parte de la casa poco a poco se fue disipando, quedándome en un estado de paz interior maravilloso. De igual forma, fue lo que mis hermanas sintieron cuando también a ellas les volví a ocurrir lo mismo.

No sé que habrá después, si acaso fue real o solo una alucinación colectiva. Pero algo sí que llegué a entender y es que quizás por soberbia, rabia, obstinación o por pura tozudez, dejamos pasar meses o incluso años, desperdiciando momentos de la vida que podrían ser maravillosos.

“Feliz el hombre a quien sus culpas y pecados le han sido perdonados por completo.

Feliz el hombre que no es mal intencionado y a quien no se le acusa, de falta alguna”

Iván A.

rosa

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